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Querido banco de tres patas: ojalá fueras silla.

El otro día leía un artículo que hablaba sobre los pilares fundamentales en los que debería asentarse toda relación para que funcione y, ya que estamos puestos, vamos a describir funcionar como ese verbo que tiene que ver con fluir, con compartir, con crecer. O eso creo.

Esos tres pilares hablaban de visionarse juntos, de tener pasión y de disfrutar de la intimidad de pareja.

El autor hablaba de visionarse juntos como esa capacidad que tenemos de irnos a un futuro, de imaginarlo y de hacerlo, claro está, con nuestro compañero elegido. Vamos, que sino eres capaz de imaginarte paseando por la orilla de la playa con tu gran amado, recorriendo juntos las calles de París y posando abrazados en la foto que preside la chimenea de vuestro salón, ojo. Al banco le queda una pata menos.

Luego nombró a la pasión como esa gran aliada. Pasión al hablar, al escuchar, al hacer y al deshacer. La pasión es la que habla sin decir palabra y la que es capaz de ponerle a todo la mirada de “qué bueno que estés aquí”. Ay, la pasión… esa que nos sube desde lo más profundo y se manifiesta en forma de suspiro, de ganas, de energía que brota sin esfuerzo. Ay, pasión… ¿estás? Por que si no te siento, y cada día es un día más, es que te fuiste. Si los ojos ya no brillan cuando hablan y la sonrisa pareció estar de viaje por las calles de lo predecible, también. Te evaporaste, hiciste las maletas y dejaste al banco con una pata menos.

Pero nos queda una pata. Esa que entiende de compartir, de saborear momentos, de charlas entre copas de vino, de amarse entre sábanas alborotadas, de guiños entre espacios de silencio y de palabras que acercan las opciones distintas de ver una misma realidad. Si por un casual sientes que no tienes tiempo ni para ti, que tus hijos ocupan todo el espacio de tu ser y que el vino sería la mejor opción para dejar de pensar en lo mucho que te echas de menos… Atención. Según este hombre, vuestro banco no tiene patas. Adiós.

La pregunta es… ¿por qué un banco de tres patas y no una silla de cuatro?

Llamemos aceptar a lo que faltaba para ser silla. Aceptar que seas lo que quieras ser y que expreses lo que quieras expresar y, lo mejor, como sepas, Aceptar es dejar de quererte cambiar para que visiones lo que elijas, para que pongas pasión a lo que quieras y si quieres, para que compartas conmigo tu mejor versión, si así lo deseas. Por mi parte te prometo hacer lo que esté en mis manos… y tiene que ver con visionarte cuando mi cuerpo me lo pida, hablarte con pasión únicamente cuando realmente la sienta y compartirme contigo sólo cuando lo desee. Porque si me quito la opción de ser verdadera, porque pienso más en lo que me gustaría que fuera y no en lo que es, te la voy a exigir a ti y ahí, ahí no hay ni silla, ni banco.

Pd. Y si ves que con tres o cuatro patas no eres feliz… manda el banco y la silla, a la mierda.

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