La primera vez que vi a Rosa fue como una ventolera de contradicciones que fueron tomando tierra a medida que dejó de echar aire allí donde no tenía sentido.

La dama de la impaciencia, del aquí y ahora, del “lo voy a intentar, lo he intentado, lo vuelvo a intentar”. La víctima de una jaula perfecta llamada cabeza, donde ella, sin darse cuenta, fue depositando grandes dosis de libertad. Se quedó sin ninguna, o esa creía.

Decir que Rosa es una más de todas las personas que ponemos excusas para no llevar adelante un plan, no tendría sentido. Rosa es más que todo eso. Rosa es frescura maniatada y el colmo de la generosidad. Es la reina del despiste, del corazón grande y del “todo o nada”,

Gracia Rosa por tu camino compartido, y por tus momentos de todo, y por tus vacíos de nada. Alguien que tanto da, siempre tiene algo que seguir dando. Gracias preciosa Rosa. Me ha encantado compartir junto a ti el inicio de un nuevo camino que deseo, nunca dejes de andar.

Parte I

Parte II

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