image

    Recuerda quién eres: no anda muy lejos.

Conocí a Julia hace unos años. Sentada en aquella silla, que parecía quedarle grande por todos lados, se lamentaba como nadie por su desgracia actual. “Se lo di todo, absolutamente todo. Y ahora se ha ido”.

Julia conoció al que ahora es su ex-pareja hace 15 años. Tuvieron dos hijos y una suegra puta, según ella. No puedo afirmar si la suegra ha sido responsable de algo en esta historia. Lo que sí sé es que Julia nunca puso un limite a nada ni a nadie. Aparentemente todo le parecía bien, todo valía y toda respuesta de cualquiera recaía en el mismo saco de “lo importante es no discutir”.

Su miedo al conflicto, y a no gustar, y a no ser amada, y a decepcionar a todo y a todos la convirtieron en comodín complaciente de deseos, incapaz de cuestionarse qué es lo que deseaba ella.

Cumplió todas las expectativas de su marido: escaló durante todos los domingos de su relación, viajó a Marruecos las veces que ni contó, aceptó que le acabasen gustando los garbanzos y cada jueves cenó en casa de su suegra, garbanzos, por supuesto. Aceptó trío como solución a su monotonía de cama, aunque nunca se invitó a un rato de colchón a un mulato o rubio escandinavo. Él se negaba y para ella… lo importante era no discutir”.

Se te olvidó quién eres y ahora… Toca pedirte perdón.

Perdón por olvidarte de ti, de lo que eres y de lo que un día fuiste. Por esperar que el amor de otros colmara el tuyo, por callar y por reprimir tus deseos pensando que no eran importantes para nadie. Lo eran para ti.

Perdón por no escucharte y por no salir en defensa de esa niña interior que clama lo que debería ser justo, y también por irte a la cama pensando que con el nuevo día todo sería distinto por arte de magia silenciosa. Perdón por no recordar lo fuerte que eres, por lo capaz de todo y lo inútil de nada.

Recuerda tu vida, y escribe los momentos con las batallas que ganaste, piensa en todo lo que fuiste antes de dejar de ser, haz gárgaras que afinen tu voz y manda hacer otras cuantas a aquellos que no estén dispuestos a tener tu “no” por respuesta,  Ensaya para gritar con voz en calma lo importante que eres para ti y recuérdalo todos los días de tus días. Lo eres, y no es negociable.

Y ahora respira hondo y sal ahí fuera a darle una patada a la olla de garbanzos. Te mereces todo lo que deseas y pídete perdón si algún día dejas de creer en ello.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *