El pasado miércoles se emitió en televisión el primer programa de Revolution, proyecto en el que he estado colaborando como Coach y Experta en Inteligencia Emocional.

Durante todos estos meses he estado acompañando a todas las personas que han formado parte del programa en su camino. Un camino a transitar desde donde estaban en ese momento, hasta donde querían estar. Todo un reto, y Juan no fue una excepción.

Dueño de un restaurante en un pueblo castellano, amante del vino, de las mujeres, y del jamón, y de Torrente, y del Real Madrid, y de jugar al ratón y al gato.

Juan ha sido la primera persona en mi carrera profesional con la que decidí dejar de trabajar en ese proceso de cambio. Respaldado por el “yo soy así” dejó poca posibilidad de adentrarnos en su persona más sensible, que la hay. Sus esfuerzos en protegerla a cal y canto, me dejó bien claro, que uno llega hasta donde quiere y que el que acompaña, sólo tiene lugar (y sentido) si el otro se lo concede.

Nuestro protagonista me recordó que la voluntad de un Coach debe de llegar hasta donde alcanza la de la persona con la que está trabajando y que es importante recordar que la persona responsable del cambio y del éxito del mismo, reside en quién quiere (o no) cambiar, no en su acompañante.

Gracias Juan por enseñarme que hay batallas que se ganan sin necesidad de ir a la guerra. Eres un grande, y lo sabes.

Parte I

 

Parte II

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