Hay personas de vaso medio lleno, de días de sol, de no hay dos sin tres, y también personas del “no me lo merezco”, de lo del agua del vaso tampoco es para tanto, de lamento disfrazado de “yo lo intento todo, pero si llueve… me voy a mi casa”. Hay personas.

Claudia fue la oda a la insatisfacción, al nunca es suficiente y al no me lo merezco. Sí, está bien (que no significa que lo comparta), pero ¿qué es lo que nos hace pensar se esa manera?

No lo sé… quizás cuando uno celebra algo que ha conseguido, se sumerge en el seguir avanzando para conseguir más. Quizás, cuando uno se sonríe por el mérito que encierra su esfuerzo, asume la necesidad de seguir esforzándose para abrir nuevas puertas de éxito y que quizás… ay quizás…

Nunca celebró lo que conseguía, nunca se agradeció lo suficiente los pasos que daba en su vida.. nunca había un “ya llegué” y esa… esa fue la mejor excusa que podemos encontrar para dejar de llegar.

Es en estos casos cuando me recuerdo la importancia de celebrar y de agradecernos los logros que alcanzamos para fijar un acuerdo con nosotros mismos que tenga que ver con “soy capaz”, de bailar un rato para poner plena conciencia en la importancia de sentir que nos merecemos todo lo bueno que la vida nos brinda y tú, Claudia, no eres excepción.

Te deseo que bailes, que vibres y que te recuerdes siempre que te mereces todo lo bueno, aunque a veces, no lo quieras ver. Los motivos de ello, también son válidos.

Parte I

 

Parte II

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