Querida Frida:

Hoy es el día internacional de la mujer, donde se supone que celebramos lo que somos: mujeres. No sé si tú lo celebraste alguna vez o qué sentido tenía para ti. Para mí, sentido, lo que se dice sentido, no lo sé, pero me vale para reflexionar sobre mi papel de mujer y sobre qué demonios significa eso.

Entonces miro hacia atrás y me observo queriendo ser amada, y reconocida en lo que hago, y atractiva para los demás, y buena madre, y buena pareja, y la mujer que está para todo y para todos. Me observo queriendo complacer. Siempre. Y me veo en la búsqueda constante de la felicidad de los demás, y en la culpa de no ser suficiente para nadie, y en la lucha de serlo para alguien, y en el desgaste de tener que demostrar quién soy, y en el juego de esconder quién no me gusta ser.

Me observo en el eterno sí, y en el miedo de no ser, y en el ansia de llegar a donde llegan los demás, y en el enfado de no ser nunca lo bastante buena, y lista, y comedida, y educada. En las prisas para demostrar que corro, y en la lentitud aparente para que no se note mi necesidad de salir huyendo de todo. Algunas veces. En la dieta de los lunes, y en esconder los michelines para que no se vean, porque están, vaya si están. En las ganas de hacer que los días sean distintos y en ser distinta sin saber quién coño soy. Ay Frida, qué cansado es todo esto.

Pero miro a otras mujeres y veo que se caen para volverse a levantar. Que sonríen, a pesar de la niebla, que se atreven por si no existe un mañana, que salieron victoriosas de una enfermedad terrible, que superaron la separación más dura de su vida, que salieron del pozo más oscuro en el que se metieron pensando que al otro lado habría más luz. Y la encontraron, vaya si la encontraron. Que se atrevieron a mirar hacia dentro para dar con su mejor versión, y que apostaron por ella y por compartirla de nuevo. Y que dieron un portazo a lo que no querían y se dejaron sentir el miedo de estar equivocadas en sus decisiones, para darse cuenta de que era solo miedo. Y que abrieron puertas y brazos para perdonar y para perdonarse. Que se atrevieron a pasearse sabiendo de sus imperfecciones perfectas. Que se atrevieron a ser.

Querida Frida, quizás nuestro papel de mujer consista en empezar a sentirnos libres, porque libres somos y tenemos mucho más poder que el que imaginamos. Sólo basta con mirar atrás y ver de lo que hemos sido capaces de caminar.

Hemos subido montañas, y bajado abismos, y apostado por otros, y sentido su derrota como si hubiera sido la nuestra, hemos sido sombra de muchos, y medalla de oro de otros, y decepciones para algunos, y delicias también. Hemos escalado sueños, y los hemos abandonado persiguiendo los de los demás. Hemos reído hasta llorar y hemos llorado las lágrimas del esperado poco reconocimiento del resto, sin pasar por el esfuerzo de hacerlo nosotras mismas.

Querida Frida, somos mujeres, a veces locas, a veces equilibradas, a veces no, a veces torpes y a veces muy diestras. A veces frágiles y a veces, devoradoras de dragones, a veces sensibles, y a veces. piedra. Querida Frida, somos mujeres, a veces libres y otras… libres, siempre libres.

5 comments on “Confesiones a Frida”

  1. Gracias por ser, estar, pero sobretodo por transmitir. Gracias por recordar a quienes ahora tienen la persiana bajada, que la primavera está al llegar. Gracias y feliz miércoles, porque mañana también será buen día para felicitar a cualquier mujer.

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