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Tengo 45 años, he parido dos veces y… mi marido no me mira.

No creo que sea por la edad, ni por las veces que he dado a luz, ni por mi horóscopo tampoco. Aunque no lo tengo claro. Las capricornio necesitamos más atención de lo normal, y eso se nota. Broma esto último y muy en serio lo anterior: no me mira.

Hay muchas cosas en este mundo que me gustan mucho, y una de ellas es sentirme deseada por mi marido. Que me eche algún piropo de vez en cuando, que me tire los trastos como en su día, aunque luego no haya tema, pero, por lo menos, que me haga sentir que le pongo algo más que la cena. No sé, que me mire con esos ojos de “uaaaarg”, que me hable de colchones rotos de vez en cuando, que me roce, y que me empotre me vuelva a rozar. Me estoy convirtiendo en compañera de piso, y eso no me gusta nada. Poco final feliz puede haber ahí, pienso yo.

Qué sé yo… igual los niños son muy pequeños y la atención que necesitan les deja sin energía, … igual tanta Champions, Liga y Uefas le han dejado definitivamente sin neuronas sexuales. A saber, pero me temo lo peor.

El caso está en que no pienso darme por vencida y me uno a la cruzada-aunque-me-cueste-la-vida. Quiero volver a enamorarle, recuperar aquellas tardes de sofá y de lujuria a borbotones, de bailar pegados, de volver al sofá, de mirarnos como nunca y de acariciarnos como antes. Qué mierda, ¿dónde se ha ido todo eso?. Creo que voy a llorar. Un rato.

Día 1. Es lunes y he empezado por suprimir los bollos. Igual son mis quilos de más los que han apagado nuestra mecha amorosa. Fuera hidratos, nachos con huacamole en general y, en concreto, los de cheddar. Fuera las cervezas de los viernes y los vinos del sábado, también. Quiero recuperar mi figura, dejar de sentir aquellos quilos que el tiempo fue acumulando. Si mira a Beyoncé, tambén me mirará a mí. Hoy se me ha acercado para preguntarme por mi día de trabajo. Mi día de dieta sana no ha tenido efecto. Seguimos.

Día 2. Sigo con lo del lunes y he pensado en añadir unas sesiones de meditación combinadas con mind fullness. Debe de funcionar. Poner atención plena en mí y en mis emociones hará que se relaje y verá que ya no es él lo único importante en mi día. Me tengo a mí como preferencia y no voy a estar pendiente de si me miras o no, pequeño. Esta vez me ha preguntado por mi madre. ¿He de empezar a preocuparme?

Día 3. Acabo de llegar del H&M, sección lencería. No quiero ser mal pensada, pero igual eran mis bragas las responsables del declive. Las de ahora son más pequeñas y tienen lunares rojizos. Lo más chic para mis posaderas y lo más in para su lívido despistada. Me he plantado entre él y la televisión con mi nuevo look. Ha estirado el cuello para seguir viendo a los Celtics. Hoy no cuenta. Básquet es básquet.

Día 4. Empiezo a sentirme mal. Un poco triste y angustiada. Se me ha pasado por la cabeza acudir a clases de ésas donde se aprende a bailar hawaiano. Siempre me pareció un baile muy sensual y que podría funcionar, pero no estoy de humor. Mi cruzada empieza a hacer aguas y mi tristeza va en aumento. Quiero que me mire, que me sonría, que me diga, que me haga… algo, coño, algo. Voy a hablar con él. Esto no puede seguir así.

Día 5. Ayer hablé con él. Compartí mis sensaciones y mis deseos para nada. Su respuesta fue la misma que la de otras veces: “deja de decir tonterías”, “cómo no te voy a querer”, “yo soy así, ya lo sabes, y deja de comerte la cabeza. Las mujeres sois muy complicadas”. Y ahí fue donde me acabé de hundir… “Él es así”. Manda huevos.

Y ahí mi mundo se vino abajo y yo con él. Me volví a sentir ésa mujer poco deseada, con muy poca energía, débil y deseosa de que pasara algo capaz de cubrir el vacío que mi estómago me recordaba en forma de angustia y ansiedad.

Me fui a dormir, conmigo, con mi quid de bragas nuevas, mis intentos de tenerlo cerca y mi tristeza por los suelos. Qué mierda.

Miriam C.M.

 

Importante. Cualquier coincidencia parecido con la realidad, es pura causalidad.

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