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Querido padre de mis dos hijos: que te den.

Llevo casi una semana intentando encajar todo lo que en estos últimos días he podido vivir, que no digerir.

Se ha ido de casa, se ha pirado, esfumado, volatilizado. Decidió ser libre y lo peor de todo, es que me quedé sin las respuestas que me hubiera gustado escuchar. Así. Cogió su maleta y se marchó.

No entiendo nada. Esa es mi frase de las últimas tres semanas. Y cuando digo nada, es nada.

Nos conocimos hace seis años en una verbena de San Juan, al ritmo de mojito, de hoguera, de Rafaella Carrá y de su puta madre. Nos enamoramos en las próximas dos canciones y empezamos a salir en los próximos dos días. Me encantaba de él su forma de bailar, su sonrisa de medio lado, sus cejas asimétricas y la manera de mirarme. Me miraba de esa manera capaz de hacerme encoger del gusto. Sentía que era lo más importante en su vida. Ese brillo, esa alegría a través de los ojos que decían “qué bueno que estés aquí”.

Al poco tiempo nos fuimos a vivir juntos. Total.. estábamos hechos el uno para el otro. Y luego llegaron nuestros hijos. Bruno hace cuatro años el próximo abril y Jimena hizo dos el pasado septiembre. Total, seguíamos siendo el uno para el otro. Cabrón.

Y así pasaron los días, los meses y nuestra vida pasaba feliz hasta hace algo más de un año. Es cierto que los hijos necesitan mucha atención y que todo el tiempo que antes nos podíamos dedicar pasó a un segundo plano, pero eso no puede llegar a justificar que llegara incluso a desaparecer nuestro beso de buenas noches, nuestras miradas brillosas cuando nos cruzábamos por el pasillo, nuestras charlas-copa-de vino-en-mano cuando los niños dormían.

Ese rádar que todas las mujeres llevamos incorporado hizo sonar las alarmas y empezó a invadirme con pensamientos del tipo “esto huele mal”, “igual hay otra”, “¿qué demonios está pasando aquí?”. Cariño… Tenemos que hablar y esta es su respuesta. Literal.

“Deja de decir tonterías y de ver problemas donde no los hay. No me pasa nada. Parece como si las mujeres tuvierais que estar constantemente buscando complicaciones. Deja de preocuparte y relájate. ¿Sigues yendo a yoga? “.

Igual soy yo, pensé, y empecé a ocuparme de otras cosas con más intensidad. “No vaya a ser que al final se acabe agobiando”. Objetivo: no ser (ni parecer) pesada.

Mis angustias empezaron a aparecer y con ellas, también el beso de buenos días. Quizás el estrés de su trabajo, quizás yo y mis preocupaciones absurdas, quizás le dejó de gustar el vino. Lloraba a escondidas, para no agobiarle, y miraba para otro lado acercándome a él como si no pasara nada.

Pero pasaba. Le propuse compartir actividades que pudieran unirnos de nuevo, acudir a charlas de pareja, establecer un día de cine a la semana… Cantar bajo la lluvia. Su respuesta volvía a repetir las palabras de meses atrás y con ellas, mi nudo en la garganta era cada vez mayor.

Aquella noche decidí esperarle despierta y dejé de preguntar para afirmar que así no era feliz, que teníamos que solucionar lo que para mí era un problema. Lo solucionó él con una simple frase: “me voy de casa”. Añadió otra de propina: “creo que no estoy enamorado”.

Empezó a recoger sus cosas y se fue… Sin solución alternativa, sin frase de esperanza, sin haber intentado nada. Se fue.

Han pasado unas semanas y todavía le insulto sin que me oiga. No me dejó luchar por algo en lo que creía, no me dio opción a contribuir en una solución con final feliz, no me explicó cómo una persona deja de estar enamorada, o, quizás mejor, qué significaba para él estar enamorado.

Quizás sea el momento de aceptar, de dejar ir, de entender que no todos tenemos la misma capacidad de lucha o que, si la tenemos, no es para todos la opción a elegir. Quizás sea el momento de entender que hay personas que confunden amor con mariposas en el estómago y se les olvidó que todo en la vida se transforma para crecer, y que el amor no es excepción. Nuestro amor se transformó en distancia… Y la distancia, para mí y en estos momentos, en mariposas que dejamos morir de amor.

10 comments on “Cariño… Tenemos que hablar”

  1. Que bonito Cristina, que bonito la forma que tienes de contarlo, la historia en si tiene poco de bonito, es más bien triste, pero es la historia del mundo.
    Igual de vieja que las propias relaciones.
    Solo te mando ánimos y fuerza aunque tú tienes de sobra de eso.
    Mientras sigamos intentando entender qué es lo que pasa, porqué se acaba el amor? o quizás lo que se acaba es el enamoramiento y las ganas de seguir luchando por construir algo en común.
    muchos besos

  2. Hola Cristina!
    Pues me siento muy identificada.
    Nosotros no tuvímos hijos, pero después de 12 años de relación, me dijo lo mismo; ya no estoy enamorado, he recogido mis cosas mientras estabas de formación. Me marcho.

    Ni cinco minutos de conversación, ni una explicación. Esto fué en Abril.

    Pero la verdad, tal vez fué que pasé el duelo dentro de la relación… se fué en 2009 a estudiar para capitán de barco, y le animé a ello. Pero 3 años se convirtieron en 7 de embarques y horas de navegación. Y te aseguro que lo negué, lo negocié y renegocié miles de veces conmigo misma, me cabreé, me enfurecí, lo volví a negar, y finalmente, lo acepté. La relación se fué muriendo agonicamente entre discusiones absurdas, mientras me abandonaba en todos los sentidos.

    Fué un mes y medio después de su salida de covarde.
    Me dí cuenta que seguía sola cómo todos los años anteriores. Me puse It’s a Beautiful Day de Michel Bublé y empecé a sonreir de nuevo.

    Mi entorno se sorprendió del cambio tan brusco, pero mi animo mejoró, dejé ir todos esos “proyectos en común” para centrarme en los míos. Se acabó el surf, volví al esquí.
    Me fuí de Menorca, hace tres semanas, no sin antes pasar uno de los mejores veranos de mi vida. Rodeada de mujeres empoderadas, fuertes, amorosas, que me cuidaron cuando fué necesario, me dieron las collejas que necesitaba y me animaron a abrir mi corazón al mundo otra vez. Y sobretodo, me recordaron que yo soy el amor de mi vida. Y que sorpresa, que es bien cierto!
    Adoro mi vida, tengo proyectos, y dónde vivo ahora, vuelvo a estar rodeada de personas increhibles que me han acogido como si fuera de su família.
    Me río como hace años que no me reía, me siento completamente feliz!

    Así que, sin ninguna explicación ,que ahora sé que no me hace falta; como dices, hay quien no está preparado para luchar y madurar el amor, te aseguro que ha sido un viaje increhíble. He aprendido mucho sobre mi misma, y quiero seguir aprendiendo. Y sí, obvio hay momentos de bajón, pero tengo una oportunidad increhible de tener la vida que quiero, en vez de estar esperando cada 3 meses a ese guapo surfero que me robó el corazón por allá el 2003, y que ya, ultimamente, ni reconocía cuando le miraba.

    Un beso enorme!

  3. Bravo Cristina!….
    La historia y como tu forma de contarla, me enganchó por completo. Son tus palabras, frases y expresiones las que hacen que de una forma u otra identificarte con ellas.
    Desde luego que llevas en la sangre las “palabras”. Acudir a una de tus clases, debe ser toda una experiencia.
    Y terminó como empecé, bravo Cristina!

    Un abrazo

  4. Querida Cristina,
    No te conozco aunque después de leer este dinceri y desgarrador post tengo la impresión que sí.
    En mi opinión creo que vas a superarlo, que llegará un día en el que las respuestas quizá las tengas muy claras sin que te haya respondido antes nadie. No puedo evitar pensar en Bruno y Jimena. Qué suerte de tenerles. Para que tiren de ti, si tu no puedes; para
    arrancarte las sonrisas si las sientes perdidas, para
    Ver el futuro con ilusión y recordar que todo llega y todo pasa.
    Mucho ánimo y fuerza!
    La vida es HOY

    • Hola Vanessa, la historia, a pesar de estar narrada en primera persona, no es mía. Son historias que ocurren y que escucho muy a menudo… Son tan corrientes que podrían pasarnos (y pasan) a cualquiera de nosotros. De todas formas, gracias por tus palabras tan cercanas. Un abrazo grande.

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